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Brain News

LA RELIGION Y EL CEREBRO

EN EL NUEVO CAMPO DE LA "NEUROTEOLOGIA", LOS CIENTIFICOS BUSCAN LA BASE BIOLOGICA DE LA ESPIRITUALIDAD. ¿ESTÁ DIOS SOLO EN NUESTRA CABEZA? (Publicado en Newsweek, mayo 14, 2001)

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De hecho, algunas de las mismas regiones cerebrales involucradas en la experiencia 'pay de manzana' lo están también en las experiencias religiosas. Cuando la imagen de una cruz, o de una torah, dispara una sensación de devoción religiosa, lo que sucede dentro del cerebro es que la región visual - asociativa entra en acción interpretando y conectando lo que se observa con ciertas emociones y recuerdos: el individua ha aprendido a vincular esas imágenes con esos sentimientos.

Las visiones que surgen durante la oración o los rituales son también generadas en el área de asociación del cerebro: la estimulación eléctrica de los lóbulos temporales, los cuales se agrupan a los lados de la cabeza y hospedan los circuitos que son responsables del lenguaje, del pensamiento conceptual y las asociaciones, produce las visiones.

La epilepsia de los lóbulos temporales - caracterizada por una estimulación eléctrica anormal en estas regiones- pueden llevar esto a los extremos. Este padecimiento parece disparar vividas visiones religiosas y la audición de voces del tipo Juana de Arco. Se piensa que Dostoevsky, San Pablo, Santa Teresa de Avila, Proust y otros habrían padecido de epilepsia en los lóbulos temporales, dejándolos obsesionados con los asuntos del espíritu.

Sin embargo, hasta la gente que se describe a si misma como no espiritual puede llegar a ser conmovida por ceremonias religiosas y liturgias. He aquí el poder del ritual. Sonidos de tambores, danzas, encantamientos, todas estas manifestaciones de misticismo y espiritualidad implican la concentración de la atención en una sola fuente de estimulación sensorial. Asimismo, estos eventos evocan poderosas respuestas emocionales. Esta combinación - atención enfocada excluyendo otros estímulos sensoriales, y respuestas emocionales muy intensas - es clave, ya que manda a varios sistemas cerebrales a una actividad muy intensa, tanto como lo hace la sensación de miedo intenso. Cuando esto sucede, explica Newberg, una de las estructuras cerebrales encargadas de mantener el equilibrio, el hipocampo, "activa los frenos": inhibe el flujo de señales entre las neuronas, como una agente de transito evitando que entren mas autos a una avenida afectada por congestión vehicular.

El resultado es que ciertas regiones cerebrales son privadas de flujo neuronal, como el área de orientación, la misma región que baja su actividad durante la meditación y la oración. En este estado, sin entrada de información sensorial, el área de orientación no puede llevar a cabo su función de mantener un sentido de donde el cuerpo termina y donde empieza el mundo exterior. Debido a esto es que los rituales y liturgias pueden llevar a lo que Newberg llama "suavizar las fronteras del ser", y a un sentido de unidad espiritual. Cantos suaves y repetitivos, melodías litúrgicas y las oraciones rituales susurradas parecen ejecutar su magia de la misma manera: activan el hipocampo y bloquean el trafico neuronal a ciertas áreas del cerebro, perdiendo este su capacidad de percepción del sentido del ser, abriendo la puerta a estados de esa unidad absoluta que es el objetivo de los rituales religiosos y místicos.

De todos los éxitos que los científicos esta logrando en su búsqueda de los fundamentos biológicos de las experiencias religiosas, espirituales y místicas, seguramente un misterio permanecerá lejos de su alcance. Ellos podrán rastrear la experiencia trascendental y las sensaciones de lo divino a lo largo de nuestra materia gris, pero es muy probable que ellos nunca resuelvan la mas grande interrogante: si es nuestro cerebro el que crea a Dios, o es Dios quien ha creado nuestro cerebro. Lo que cada quien crea al respecto es, a final de cuentas, cuestión de fe.