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Ontología del Lenguaje

By Rafael Echeverria

Ontología del Lenguaje

Tags: Coaching, Ontologia del Lenguaje

Started reading:
7th March 2007
Finished reading:
7th March 2008

Review

Rating: 10

Del empastado del libro:

Echeverría nos ofrece una nueva interpretacion de lo que significa ser humano, no desde los antiguos parámetros que nos han servido de base para obserar la vida, sino desde fuera de ellos. Se trata de una propuesta posmoderna y posmetafísica que ha recibido la influencia de autores como Maturana, Flores, Searle, Graves, Austin y Heidegger, y se basa en la tesis de que todo fenómeno social es un fenómeno linguístico.

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Review, por Abiel Guerra.

En Ontología del Lenguaje se parte de la visión tradicional del lenguaje como una herramienta que da cuenta de lo existente, que es medio de expresión, de transmisión, de comunicación, de lo que percibimos, pensamos o sentimos. En esta visión tradicional el lenguaje es pasivo y descriptivo.

La nueva interpretación propuesta es una concepción “generativa” del lenguaje. El lenguaje es acción, se le reconoce el poder mágico y transformador a la palabra, el lenguaje genera nuevas realidades. Cuando hablamos modelamos el pasado, el presente y el futuro. Diseñamos el porvenir, el nuestro y el de los demás. Los seres humanos modelamos nuestra identidad y el mundo en que vivimos a través del lenguaje. La forma como operamos en el lenguaje es el factor quizás más importante para definir la forma como seremos vistos por los demás y por nosotros mismos.

Postulados básicos de la Ontología del Lenguaje.

• Interpretamos a los seres humanos como seres lingüísticos. El lenguaje es sobre otras cosas lo que hace de los seres humanos el tipo particular de seres que somos. Somos seres que vivimos en el lenguaje. Somos seres sociales. No hay lugar fuera del lenguaje desde el cual podamos observar nuestra existencia.

• Interpretamos al lenguaje como generativo. El lenguaje no sólo nos permite hablar “sobre” las cosas: hace que ellas sucedan. Por lo tanto, el lenguaje es acción, es generativo: El lenguaje genera identidades, relaciones, compromisos, nuevas posibilidades, futuros diferentes, nuevos mundos. El lenguaje hace que sucedan cosas, genera ser, crea realidades. El filósofo norteamericano John R. Searle sostuvo que, sin importar el idioma que hablemos, siempre ejecutamos el mismo número restringido de actos lingüísticos: los seres humanos, al hablar, hacemos declaraciones, afirmaciones, promesas, pedidos, ofertas. Estas acciones son universales.

• Interpretamos que los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él. Al decir lo que decimos, al decirlo de un modo y no de otro, o no diciendo cosa alguna, abrimos o cerramos posibilidades para nosotros mismos y, muchas veces, para otros. Cuando hablamos modelamos el futuro. A partir de lo que dijimos o se nos dijo, a partir de lo que callamos, a partir de lo que escuchamos o no escuchamos de otros, nuestra realidad futura se moldea en un sentido o en otro. Pero además de intervenir en la creación de futuro, los seres humanos modelamos nuestra identidad y la del mundo que vivimos a través del lenguaje.

Principios de la Ontología del Lenguaje.

Primer Principio: No sabemos cómo las cosas son, solo sabemos como las vemos o interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos. Este principio implica la imposibilidad de nuestros sentidos para aportarnos información fehaciente y definitiva de lo que hay “allá afuera”. Por lo tanto, cada uno de nosotros observa una misma situación de manera diferente de acuerdo con los “lentes” con los que miramos. La “realidad” es presentada como una función de cómo somos nosotros. Esto es, lo que vemos tiene mas que ver con cómo nosotros somos, cómo miramos, con el observador que somos, que con cómo las cosas son. Desde allí generamos acciones dentro de los límites de lo que consideramos posible o no.

Segundo Principio: No solo actuamos de acuerdo a cómo somos, también somos de acuerdo a cómo actuamos. La acción genera ser, uno deviene de acuerdo a lo que hace. Nuestras acciones no solo revelan cómo somos, también nos permiten transformarnos, ser diferentes, devenir. Este es un principio del coaching ontológico y nos capacita para realizar lo que llamamos “intervención ontológica”. Al hacer posible que una persona actúe de un modo determinado, el “coaching ontológico” le permite moverse en una determinada dirección y dejar atrás sus antiguas formas de ser. Nuestras acciones permiten transformarnos, ser diferentes.

Tercer Principio: Los individuos actúan de acuerdo a los sistemas sociales a los que pertenecen. Es a través de sus acciones, aunque condicionados por estos sistemas sociales, que también pueden cambiar tales sistemas sociales.

Actos lingüísticos básicos.

Afirmaciones o descripciones: En ellas la palabra se adecua a cómo observamos el mundo, son las interpretaciones que hacemos de lo observado, no son descripciones propiamente dichas de cómo las cosas son, dado que no sabemos como son realmente. Son postulados de cómo observamos las cosas. Vivimos en mundos interpretativos. Esta es una de las premisas centrales de la disciplina del “coaching ontológico”: la capacidad de observar lo que alguien dice con el propósito no solo de conocer aquello de lo cual se habla, sino de conocer, es decir, interpretar, el alma, entendida como la forma particular de ser de quien habla. Las afirmaciones pueden ser ciertas o falsas, según estemos en posibilidades de proporcionar evidencia de lo que afirmamos.

Declaraciones. Por medio de ellas, a diferencia de las afirmaciones, generamos realidades, posibilidades y espacios que antes no existían. La palabra tiene un carácter generativo en el caso de las declaraciones, la palabra modifica el mundo y éste requiere de adecuarse a lo dicho. Para que el mundo se transforme siguiendo la voluntad de quien habla, es necesario que quién hace la declaración tenga el poder de hacerla cumplir, de asegurar su cumplimiento. En este sentido se habla de declaraciones validas y no validas, según el poder de quien las hace para lograr su cumplimiento.

Promesas. Son los actos lingüísticos que nos permiten coordinar acciones con otros y consiste en expresar un compromiso ante otro de llevar a cabo una acción en el futuro. Toda promesa implica dos movimientos lingüísticos, una petición u oferta y una declaración de aceptación hecha por otra persona.

Juicios. Los juicios son declaraciones, pero no toda declaración es un juicio. Como las declaraciones, los juicios generan realidad fundamentados en la interpretación que proveen. De esta manera, los juicios pueden ser fundados o infundados, dado que pueden representar puntos de vista discrepantes, pueden ser legítimamente impugnados, dado que representan la interpretación u opinión de quien los formula.

Quiebres y conversaciones.

La interacción del hablar y el escuchar constituye a las conversaciones. Estas las hacemos según lo que queremos lograr y en el texto se las relaciona con los quiebres, como formas de hacerse cargo de estos.

La declaración de quiebre implica sostener que algo no está funcionando, que algo puede mejorar o está mal, que hay cosas que no nos agradan o convienen y que quisiéramos que fueran diferentes. Al mismo tiempo y como condición del quiebre, tenemos que tener simultáneamente el juicio de que no sabemos cómo hacernos cargo de lo que sucede y constituye nuestro quiebre. El observador que somos no es lo suficientemente competente para determinar lo que debemos hacer.

Sólo existen quiebres para un observador determinado, ya que es el observador que somos el que declara que algo es un quiebre. El quiebre revela al observador. La misma experiencia puede constituir un quiebre para alguien y no serlo para otra persona. O puede ser un quiebre bajo ciertas circunstancias y no serlo bajo otras. Por lo tanto, podemos decir que todo quiebre es una apertura al alma de la persona que lo declara como tal.

De esta manera, los quiebres llaman a la acción y son las conversaciones el medio de hacernos cargo de nuestros quiebres. Las conversaciones pueden tomar la forma de conversaciones de juicios personales, conversaciones para la coordinación de acciones, conversaciones para posibles acciones y conversaciones para posibles conversaciones.

Conclusión: El Coaching ontológico.

De la lectura y reflexión del texto, uniendo los puntos, dado que no proporciona una estructura evidente del proceso de coaching ontológico al que se hace constante referencia, sostenemos que el punto de partida del proceso de coaching propiamente lo constituye la declaración del quiebre, con la consecuente solicitud del coaching, es decir, el reconocimiento de la necesidad del apoyo e intervención de una persona que es mejor observador y posee mejores habilidades y distinciones lingüísticas que quien declara el quiebre. Cuando esto sucede, le corresponde al coach identificar con claridad cual es el quiebre declarado.

Para tener un quiebre se requieren dos factores: una determinada situación o experiencia y una forma de interpretarla, es decir, elaborar un juicio de la situación o experiencia, juicio que precisamente convierte tal situación o experiencia en el quiebre declarado. Mientras esos juicios no sean identificados y reconocidos, no conocemos el quiebre y no podremos iniciar la intervención de coaching.

Dentro de los actos lingüísticos llamados juicios, existe la distinción de juicios maestros, son los que definen la particular forma de ser de la persona y que constituye la base, origen y fundamento de múltiples otros juicios. Son los juicios maestros los que sustentan la existencia global de un individuo.

Para acceder a la particular forma de ser, la estructura básica de una persona, se hace necesario identificar los juicios maestros que rigen sus acciones. Lo que los individuos hacen o no hacen (incluyendo lo que dicen o no dicen) resulta de estos juicios maestros, son formas que permiten revelar esos juicios maestros. El coaching ontológico se vale de la forma en que actúan las personas para captar sus juicios maestros y, a través de ellos, interpretar la estructura básica de su forma particular de ser.

Cuando el coach determina que ha identificado los juicios maestros de la persona, logrando así construir los elementos básicos de su estructura de coherencia que conforma el observador que es la persona, ya está en condiciones de intervenir. A partir de aquí el coach entiende la modalidad particular de ser que define a su interlocutor, identifica la manera de ser que lo ha llevado a tener ese quiebre, y es precisamente por esa forma particular de ser de la persona que no puede hacerse cargo del quiebre por sí misma. La permanencia de la estructura de coherencia que conforma el observador que es la persona determinará la permanencia del quiebre, para la persona quien declara el quiebre será difícil hacerse cargo de él desde esa estructura de coherencia.

La práctica del coaching ontológico se dirige a detectar y a interpretar la particular estructura de coherencia de la persona y a intervenir en ella con el objetivo de modificarla, se busca identificar y transformar la estructura de coherencia de la persona para que, en función de sus inquietudes, pueda observar aquello que le lleva a generar las condiciones que propician el quiebre, los resultados que rechaza, y a tomar las acciones que le llevarán a producir resultados diferentes y favorables. Una vez que su estructura de coherencia que es identificada e interpretada, resulta evidente por qué se tiene el quiebre declarado y porqué no se es capaz de hacerse cargo de ese quiebre por si mismo.

Una vez que el coach aprehende la forma de ser de la persona a través de la indagación de sus experiencias, sus formas de actuación y de reaccionar ante diversos acontecimientos y situaciones, el coach dirige su actuación hacia la facilitación necesaria para que la persona pueda iniciar acciones que previamente no le era posible iniciar. El objetivo de la intervención del coach ahora es la expansión de la capacidad de acción de la persona para a su vez fomentar la generación de nuevas modalidades de ser a través de la acción, de acuerdo al segundo principio de la ontología del lenguaje, “No sólo actuamos de acuerdo a como somos, y lo hacemos. También somos de acuerdo a como actuamos. La acción genera ser”.

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Citas del libro ONTOLOGIA DEL LENGUAJE relacionadas con Coaching Ontológico.

El postulado de que todo lo que hacemos, sea lo que sea, revela nuestro juicio de nosotros mismos, es la base de uno de los usos quizás más poderosos de la ontología del lenguaje: la práctica del coaching ontológico (Pág. 30)

El conocimiento revela tanto sobre lo observado como sobre quien lo observa. Perfectamente podríamos decir: dime lo que observas y te diré quien eres. Esta es, precisamente, una de las premisas de la disciplina que hemos bautizado con el nombre de coaching ontológico. Ella descansa en la capacidad de observar lo que alguien dice con el propósito no solo de conocer aquello de lo cual se habla, sino de conocer (interpretar) el alma (entendida como la forma particular de ser) de quien habla. (Pág. 42)

Nuestras acciones revelan nuestra forma de ser. Comprendemos la importancia de observar las acciones humanas para comprender como son los humanos. Este es uno de los principios básicos del coaching ontológico y dentro del cual nos es posible lo que llamamos una interpretación ontológica. Al observar la forma en que un individuo actúa (y no olvidemos que el lenguaje es acción), el coaching ontológico puede interpretar la forma de ser de tal persona. (Pág. 47)

Nuestras acciones no solo revelan como somos, también nos permiten transformarnos, ser diferentes, devenir. Este es un segundo principio del coaching ontológico y nos capacita para realizar lo que llamamos una intervención ontológica. Al hacer posible que una persona actué de un modo determinado (y, nuevamente, no olvidemos que el lenguaje es acción), el coaching ontológico le permite moverse en una determinada dirección y dejar atrás sus antiguas formas de ser. (Pág. 47)

Al reconocer el carácter lingüístico de la persona, podemos intervenir de un modo mucho más poderoso. La ontología del lenguaje, al ser usada en la práctica del coaching ontológico, nos guía hacia el lugar en el que debemos buscar la fuente del sufrimiento y hacia lo que necesita ser transformado para aliviarlo. (Pág. 65)

Los juicios siempre hablan de quienes los emiten. Un aspecto fundamental de la disciplina del coaching ontológico consiste en tratar los juicios que las personas hacen, como ventanas al alma humana. (Pág. 126)

Al hablar revelamos quienes somos y quien nos escucha puede no solo escuchar lo que decimos, puede también escuchar el ser que se constituye al decir aquello que decimos. El hablar no solo nos crea, sino también nos da a conocer, nos abre al otro, quien a través del escuchar, tiene una llave de acceso a nuestra forma de ser, a lo que llamamos el alma humana. Tal como dijéramos, este es el escuchar que es propio del coaching ontológico. Se trata de un escuchar que trasciende lo dicho y que procura acceder al ser. Es precisamente en este sentido que se trata de un escuchar ontológico. (Pág. 168)

Juicios muy diferentes, mundos y experiencias distintas. Dime como enjuicias tus quiebres y te diré como eres. Este es uno de los recursos centrales del coaching ontológico. (Pág. 233)

Cabe esperar que las transformaciones producidas en un determinado dominio (cuerpo, emocionalidad y lenguaje) se traduzcan en modificaciones en los demás. Existe, por tanto, todo un campo de intervenciones indirectas a través de las cuales, por ejemplo, una modificación emocional puede perfectamente modificar nuestras conversaciones y nuestra postura física. Este aspecto posee una gran relevancia en la práctica del coaching ontológico. (Pág. 268)

El coaching ontológico solo puede hacerse sobre la base de la aceptación de la legitimidad de las experiencias personales de los demás. (Pág. 368)

Para acceder a lo que llamamos el alma de alguien, esto es, su particular forma de ser, la estructura básica de su persona, debemos buscar los juicios maestros que rigen sus acciones (directas o reflexivas). Lo que los individuos hacen o no hacen (incluyendo lo que dicen o no dicen) resulta de aquellos juicios maestros. Lo que los individuos hacen o no hacen (incluyendo lo que dicen o no dicen) son formas que permiten revelar esos juicios maestros. El coaching ontológico está siempre haciendo uso de lo anterior, usando la forma en que actúan las personas para captar sus juicios maestros y, a través de ellos, la estructura básica de su forma particular de ser. (Pág. 368 – 369)

Si las posibilidades de cambio que se abren en una relación de coaching no afectan el núcleo de la coherencia de la persona que se somete a él, probablemente no habrá problemas para que ellas no sean aceptadas. Sin embargo, cabe esperar una mayor resistencia si aquellas posibilidades cuestionan el principio de coherencia básico que define la forma de ser de la persona. (Pág. 377)

El punto de partida normal del coaching es un quiebre. Los individuos piden coach porque declaran que algo en sus vidas no anda bien y se dan cuenta de que requieren de un observador distinto para ayudarles resolver ese quiebre: de alguien que posee distinciones y competencias que él o ella no tienen. (Pág. 378)

Al pedir el coaching también reconocemos algo más: el hecho de que la coherencia que somos no nos permite resolver el quiebre y declaramos que necesitamos un observador que nos ayude a salir de él, que nos ayude a observar lo que no logramos observar y a tomar acciones que no sabemos tomar. (Pág. 378)

A menudo, el quiebre se vive como algo que está interfiriendo con el principio de coherencia que somos y nuestra tendencia inicial puede ser tratar de salvarlo o protegerlo. Es tarea del coach mostrarle a quien solicitó el coaching como ese quiebre es a menudo una expresión del mismo principio de coherencia. Por lo tanto, todo quiebre encierra poderosas fuerzas de transformación que son las aliadas naturales del coach al realizar su labor. El coach debe volver una y otra vez a este quiebre para mantener vivas las fuerzas de transformación que el coaching requiere. (Pág. 378)